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    22/09/2020

    El reto a resolver en esta vivienda clásica del Eixample barcelonés fue, a pesar de las limitaciones en la redistribución, lograr el ordenamiento de las zonas día-noche, darle unidad estética y conceptual y optimizar las zonas de almacenaje para conseguir la máxima sensación de espacio.

    El cambio principal en la distribución fue integrar cocina en la zona de estar ya que ésta quedaba en el otro extremo de la vivienda. De este modo, zonificamos la vivienda por usos y conseguimos un nuevo dormitorio para que cada hijo de la pareja tuvieran su propio espacio.

    Otro aspecto importante a resolver era optimizar los espacios de almacenaje sin que fueran invasivos y se integraran en volumen y color dentro de la idea de conjunto. Armarios empotrados y movimientos de algún tabique permitieron ganar una zona de lavadero completa y reducir la sensación de pasillo que recorría la vivienda.

    El respeto a los elementos estructurales existentes, pavimento hidráulico y puertas de paso y balconeras, nos llevó a usar tonos cálidos suaves en paredes, cocina y mobiliario. El detalle cromático del mosaico principal fue el color que definió la gama a usar en baño, zona recibidor y detalles en dormitorios infantiles.

    Plantear desde el inicio del proyecto cuáles serían las piezas de mobiliario e iluminación ha ayudado a que el resultado sea más integrado y definido cromáticamente. De este modo, logramos percepción de conjunto y generar sensación de espacio.

    La propuesta integró ciertos elementos decorativos de la familia porque siempre tenemos en cuenta a quienes habitan un espacio, en este caso desde hacía años, y así puedan percibir una gran mejora del mismo espacio familiar.